El currículum oculto y la perpetuación de los roles de género (Sofía)

 


Sofonisba Anguissola. Autorretrato con caballete (1556). Es de especial importancia incluir figuras femeninas dentro del currículum de forma orgánica para combatir la perpetuación de los roles de género.

¿Qué es el currículum oculto?

El currículum oculto se refiere a una serie de valores, conocimientos y costumbres que se transmiten de forma inconsciente por parte del profesorado paralelamente a los contenidos académicos. Este representa la cultura de un lugar y se encuentra presente en el lenguaje, las expectativas sobre el alumnado, el uso de los espacios referenciales y simbólicos, la ropa (uniformes) y la manifestación de los sentimientos (Santos Pérez, 2022).

Este reproduce las realidades sociales de forma involuntaria, por lo que es difícil de identificar, y por tanto, de cuestionar. 

“Lo que estamos transmitiendo los docentes, en la mayoría de las ocasiones de forma no intencionada, es la representación de la cultura dominante, que no es otra que la androcéntrica, convirtiendo a la escuela en un fiel reflejo de la sociedad en donde se proyectan las ideas y pensamientos de ese grupo dominante: hombre, blanco, heterosexual y bien posicionado económicamente” (Santos Pérez, 2022, p. 67).

Identidad, construcción y expresión del género

Para comprender el impacto del currículum oculto en los roles de género, es pertinente desglosar qué significa este concepto. 

En primer lugar, el sexo biológico hace referencia a una serie de atributos físicos determinados por nuestros cromosomas, que nos confieren el estatus masculino o femenino. A raíz de estos, nacemos con ciertos genitales y predominan en nuestro cuerpo ciertas hormonas. En el sexo biológico femenino, los cromosomas son XX, los cuales provocan la formación de la vulva como genitales y la segregación de estrógenos como la hormona principal. En el caso del sexo biológico masculino, los cromosomas XY tienen como resultado la formación del pene como genitales masculinos y la segregación de testosterona. Aquellas personas que cuentan con genitales masculinos y femeninos a la vez son llamados intersexuales.

Por otra parte, el género está compuesto por las interpretaciones culturales del sexo biológico. El género determina las interacciones sociales de los individuos, ya que determina la distribución de las tareas y las expectativas que se tiene sobre cada individuo. En el mundo occidental, vivimos en una sociedad patriarcal, en donde los hombres tienen normalmente posiciones de poder y privilegio. Mientras tanto, se suele relacionar a las mujeres a la crianza de los hijos y el cuidado del hogar, subordinándola a un papel más privado y doméstico. Esta diferenciación ocurre desde antes de nacer. Cuando se conoce el sexo de un o una bebé, las expectativas sobre el mismo/a empiezan a formarse. Si tiene pene, se le identifica como niño. Sus padres se imaginan el papel que desempeñará en la sociedad, normalmente atribuyéndole cargos de poder o profesiones en espacios típicamente masculinos: “será futbolista, con las patadas que da”. Al nacer, se le viste de azul, color relacionado con la masculinidad, y al ir creciendo se le darán juguetes en los que desarrolle su creatividad y liderazgo: coches, legos, armas de fuego falsas. A las niñas, mientras tanto, se les dan juguetes relacionados con la subordinación doméstica: bebés, cocinitas, Barbies. Desde la primera infancia, esta división de tareas se encuentra presente. Esta, como puede verse, es una CONSTRUCCIÓN atribuida al sexo biológico, pero no intrínsecamente relacionada con ella. 

Se considera que el género es una construcción, ya que como se ha expresado antes, es una interpretación a partir del sexo biológico. Entonces, “si el género se construye, ¿podría construirse de distinta manera, o acaso su construcción conlleva alguna forma de determinismo social que niegue la posibilidad de que el agente actúe o cambie?” (Butler, 1999, p. 56). Con esta pregunta, la filósofa Judith Butler cuestiona en su obra El género en disputa si el sexo biológico y el género están relacionados. Termina concluyendo que el género se trata de una puesta en escena ante la sociedad, y por tanto puede variar, independientemente del sexo de nacimiento, tomándose elementos masculinos y femeninos. Los roles de género, al ser construcciones, pueden modificarse, pues no tienen una razón de ser biológica, sino cultural. Por tanto, el género podría considerarse un espectro, en donde la feminidad se encuentra en una punta y la masculinidad en otra. En esta teoría, nadie es 100% femenino ni masculino, sino que ambas identidades residen dentro del individuo.

La identidad de género está relacionada con cómo nos sentimos con nosotros mismos en relación a estas construcciones. Esta se refleja en nuestro comportamiento, aspecto y forma de vestir. No siempre el sexo biológico y la identidad de género van de la mano. Cuando el sexo biológico y la identidad de género coinciden, esa persona se considera CISGÉNERO. Cuando el sexo biológico y la identidad de género son diferentes, se les denomina TRANSGÉNERO. Cuando una persona no se identifica específicamente con las etiquetas de “hombre/mujer”, se le considera NO BINARIA. 

Todas las expectativas relacionadas con los hombres y las mujeres son artificiales y pueden cambiar, pero la escuela tiene un papel fundamental en su perpetuación a través del currículum oculto.

El género y el currículum oculto

Dentro del currículum oficial, se ha avanzado considerablemente en la materia de igualdad de género, el cual es uno de los principios de la LOMLOE. No obstante el currículum oculto tiene un peso especial en las expectativas y construcción de género, ya que contiene aquellas conductas perpetuadas de forma inconsciente en nuestra sociedad.

La forma en la que tratamos a nuestro alumnado, las expectativas que tenemos sobre ellos, y los comportamientos que permitimos entre ellos, son fundamentales dentro de su proceso de construcción de género, ya que la escuela es el primer espacio de socialización durante la infancia y la adolescencia. 

De forma inconsciente, las expectativas sobre nuestras alumnas pueden estar relacionadas con su género. A lo mejor esperamos que sean hábiles en labores como decorar el aula, o que tengan un mejor desempeño en aspectos relacionados con el cuidado, o esperamos que tengan un mejor desempeño en áreas típicamente más feminizadas como el teatro, la música o el baile. Asimismo, podríamos esperar que tengan un comportamiento más pasivo u obediente, generando situaciones en donde estamos perpetuando los roles de género que se intentan abolir de forma activa.

Espacios en donde se transmite la desigualdad de género a través del currículum oculto

  1. El lenguaje: es nuestra principal herramienta de comunicación, y por tanto, en él se refleja la cultura en la que vivimos. Este no suele ser neutro y transmite la ideología de quien lo utiliza. Muchas veces, se invisibiliza y subordina a la mujer a través del androcentrismo lingüístico, en donde se usa el género masculino como genérico. Aunque las reivindicaciones feministas y LGBTI apuestan por el uso del género neutro, este todavía no es aceptado por la Real Academia Española. Sin embargo, se pueden utilizar las siguientes herramientas, las cuales se consideran gramaticalmente correctas, para apostar por un lenguaje más inclusivo:
  • Sustantivos genéricos y colectivos: No excluyen ningún género. Ejemplo: “la copresidencia” frente a “los copresidentes” o “la ciudadanía” en lugar de “los ciudadanos”.
  • Expresiones despersonalizadas o neutras: Se evitan marcas de género. Ejemplo: “con la colaboración de” en lugar de “colaboradores”.
  • Perífrasis: Según la RAE, una perífrasis es, en gramática “una expresión pluriverbal cuyo significado se asimila parcialmente al de una unidad léxica”. Es decir, consiste en usar más palabras para definir un concepto, en este caso, para crear expresiones neutras. Ejemplo: “la parte interesada” en lugar de “el interesado”.
  • Imperativo: Se busca evitar el sujeto de la oración. Ejemplo: En vez de “los interesados deben enviar su currículum a este correo”, se puede utilizar “envíe su currículum a este correo”.

B) Libros de texto: En algunos de ellos, existe una representación femenina poco equitativa. En los libros de Historia o Historia del Arte, con los cuales nos encontramos más familiarizados, al ser los de nuestra asignatura, se incluye a figuras femeninas de una forma poco orgánica (dentro de una cajetilla o al margen de la página, no formando parte del contenido principal).

C) Uso de los espacios: Existen dos tipos de espacio, el simbólico y el referencial. El simbólico no hace referencia a un espacio material, sino a relaciones de poder y estatus. Desde muy pequeños, se les atribuye a los niños un rol más dominante. Esto ocurre dentro de ciertas asignaturas, en donde las niñas se sienten menos representadas. En las STEM, solamente el 16% de las profesionales son mujeres. Dentro de los institutos, un 7% de los chicos, aproximadamente, desean entrar en carreras de esta área, mientras que un 0.7% de las chicas quieren dedicarse a estas. Según la fundación Inspiring Girls, esto ocurre debido a tres razones principales (Pérez, 2023):

  • Falta de referentes cercanos: En las escuelas, se menciona a personajes como Marie Curie, pero apenas se tratan los trabajos y descubrimientos de mujeres en la ciencia.
  • Presencia de estereotipos de género: Todavía se transmite el mensaje de que las matemáticas o las ciencias son áreas “de chicos”.
  • El techo de cristal: La falta de referentes y los estereotipos de género impide alimentar la ambición y la autoestima de las adolescentes. Por ello, es importante desde los institutos revisar el currículum oculto que se transmite a las mismas, ya que un mensaje de aliento y motivación puede marcar la diferencia.

Por otra parte, los espacios referenciales son lugares físicos concretos. En estos también ocurren las primeras desigualdades, pues por ejemplo en el patio, niñas ocupan los espacios residuales, mientras que los niños se hacen con los espacios centrales. Esto se debe a la reproducción de comportamientos que observan en su entorno desde la primera infancia. Los espacios de ocio en el instituto se centran en deportes considerados “de niños” como los campos de fútbol o las canchas de baloncesto. Si a las niñas se les enseña que esos deportes no son propios de su género, ya sea en casa o en el colegio, sentirán que no tienen lugar en estos espacios aparentemente libres debido a los estereotipos de género. Quizás sería apropiado plantear los espacios de ocio en los centros escolares de una forma más neutra, existiendo canchas de baloncesto, pero también bancos y mesas para sentarse, de manera que el ocio no esté centrado únicamente en niños deportistas, sino en personas con toda clase de intereses diferentes.


Bibliografía:

- Butler, J, (1999). El género en disputa. Paídós.

- Pérez, M.A. (09 de febrero de 2023). ¿Por qué las niñas no quieren ser científicas?. FIBES Sevilla. Palacio de Congresos y Exposiciones. https://fibes.es/blog/por-que-las-ninas-no-quieren-ser-cientificas/ 

- Santos Pérez, M.A. (2022). Currículum oculto de Género y Coeducación. En N. Morales Romo (Ed.), Igualdad y Coeducación. Retos para las escuelas del siglo XXI (65-83). Ediciones Universidad de Salamanca.



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