Estudiando el colonialismo a través de la obra de Hergé (Sofía)
En tercero de la ESO, la última unidad didáctica está referida al Colonialismo del s. XIX dentro de la asignatura de Geografía e Historia. Esta puede ser una oportunidad para discutir las realidades de otros territorios fuera de Europa y Norteamérica, los cuales suelen ser los escenarios habituales dentro del temario de Educación Secundaria.
A partir del s. XIX, se produciría un nuevo proceso de ocupación por parte de los imperios europeos, pero esta vez hacia el continente africano y asiático. Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Holanda y Alemania serían algunos de los protagonistas. En el caso de España, esta se encontraba en una crisis tras perder Filipinas, Puerto Rico y Cuba en 1898. Sin embargo, a pesar de no contar con los mismos recursos que los países antes mencionados, sí que tuvo pretensiones expansionistas, ocupando tierras del Norte de África.
Como ya sabemos, el estudio de la Historia se encuentra cargado de subjetividad. Aunque se acudan a fuentes primarias para la reconstrucción de los hechos, incluso estos documentos están marcados por las ideologías de la época. El colonialismo es quizás uno de los temas más controvertidos en este sentido, pues al estar ubicados en el continente europeo, solemos tender a analizar los hechos desde un punto eurocéntrico e imperialista. Los libros de texto ignoran la realidad de los países colonizados, los cuales sufrieron distintas formas de dominación y violencia. Quizás debido a una simplificación de los contenidos para facilitar su comprensión, se omite dar este período histórico desde ambos puntos de vista, lo cual podría resultar un ejercicio de pensamiento crítico, fundamental durante la adolescencia. Omitir realidades supone una forma de negación, lo cual es perjudicial para todo el alumnado. Para aquellos con una identidad cultural diferente a la europea, supone un acto de exclusión. Por otra parte, el alumnado no migrante pierde la oportunidad de conocer otras narrativas, y por tanto, impide la comprensión de la sociedad actual, caracterizada por su multiculturalidad.
De esta manera, la inclusión de realidades como la violencia ejercida por los Imperios coloniales en diferentes territorios es necesaria para la comprensión de la actualidad. Adam Hochschild señala en su obra El fantasma del Rey Leopoldo, que en el proceso de ocupación del Congo por parte de Leopoldo II de Bélgica, ocurrió un genocidio de 10 a 15 millones de personas, teniendo unas dimensiones similares al Holocausto, cuyas víctimas ascendieron alrededor de 17 millones de personas. Sin embargo, curiosamente, el Holocausto se encuentra incluido dentro del programa de 3º y 4º de la E.S.O. De esta forma, se siembra conciencia con respecto a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, el genocidio congolés no figura dentro del temario, nombrándose por encima la violencia ejercida en el proceso de colonización. Asimismo, se incide en el carácter positivo de este proceso desde una perspectiva europea, viendo estos territorios como una fuente barata de materia prima y un lugar para liberar a Europa de la crisis demográfica existente en ese momento.
Madrid cuenta con un alumnado diverso, tanto como su demografía. Muchos de estos jóvenes son provenientes de un continente diferente al europeo, por lo que parte de su inclusión dentro del sistema es hablar y debatir sobre realidades y reivindicaciones fuera del continente.
Por tanto, en temas como el Imperialismo, impartido en 3º de la ESO; o el poscolonialismo, en 4º de la ESO; es importante discutir las realidades de Oriente Próximo y África. En el caso del Congo se puede utilizar la obra de Hergé, ya que Tintín es una figura cercana a la infancia de algunos alumnos. Incluso en el caso de no serlo, se trata de cómics muy sencillos que captan su atención, facilitando la enseñanza del tema.
Del mismo modo, Hergé capta bien las ideas del momento con respecto a las colonias africanas. En un fragmento de “Tintín en el Congo”, se muestra cómo el pequeño periodista belga tiene un accidente en un tren en el Congo. Enseguida, Tintín se dispone a repararlo, pero dando indicaciones a los pasajeros de cómo debe realizarse. En este hecho se manifiesta el paternalismo del hombre europeo en la época, indicando cómo debe hacerse, pero sin participar en el trabajo manual. Asimismo, se caracteriza a los congoleses con atuendos curiosos, utilizando prendas europeas sin comprender realmente su significado: por tanto, llevan abrigos de pieles, trajes de soldados y camisas con corbatas y faldas. Esto parece ser una burla a los nativos, representándolos con un aspecto que incluso podría clasificarse como ridículo al intentar comprender e integrarse en la cultura que los estaba invadiendo. Continuando con esta línea, claramente eurocéntrica, se representa la infraestructura ferroviaria congolesa como subdesarrollada: las estaciones son chozas de palmeras, y el tren se accidenta. Esto podría estar relacionado con una de las justificaciones del Imperio belga para la ocupación del territorio: la necesidad de llevar infraestructura a estas regiones.
Como puede verse, de unas pocas líneas, puede extraerse una gran cantidad de información que puede hacer razonar a los alumnos haciendo uso de este cómic como una fuente primaria de información, ya que fue redactado antes de la Independencia congolesa.
Bibliografía:
Gula Boronat, O. (2011). El cómic como fuente histórica: el falso testimonio de Tintín en el Congo Belga. Espacio, Tiempo y Forma, nº 23, 141-158.


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